martes, 28 de noviembre de 2017

Reseña: "Nunca digas siempre" de Jennifer L. Armentrout


Ella aprendió que el silencio era su mejor arma. 
Él juró que siempre la protegería. 

Ambos comparten un terrible pasado, que los llevó a forjar un vínculo indestructible. O eso creían ellos. Porque sus caminos se separaron abruptamente hace cuatro años. 
Mallory y Rider llevan todo ese tiempo tratando de superar las terribles experiencias vividas en un hogar de acogida. Intentando construir un futuro. Tratando de olvidar. Pero ahora, justo cuando creían estar dejando el pasado atrás, Mallory y Rider acaban de reencontrarse en el instituto y descubren que el intenso vínculo de infancia sigue ahí… al igual que las heridas. Enfrentados a la fuerza de sus sentimientos, Mallory y Rider deben decidir si seguir aferrados a las mismas armas que les ayudaron en el pasado o arriesgarse a construir algo nuevo en un futuro incierto. 

Un relato luminoso sobre una joven valiente que lucha por expresar su verdad desde un refugio de silencio. 
Quédate a escuchar la voz de Mallory. No te arrepentirás. 






Hasta el momento Jennifer L. Armentrout no me ha defraudado con ninguna de sus historias, y con “Nunca digas siempre” la autora redobló mi apuesta por ella. 

Ésta es una historia que vale la pena descubrir, merece ser descubierta para así conocer a Mallory y todas esas palabras que tiene enfrascadas en la garganta y que no puede ser capaz de decirlas alto y claro. 

Desde muy pequeña Mallory Dodge sabe lo que es sentirse aterrorizada y despreciada, que no puedas enfrentar a tus miedos y dejar escapar siquiera un susurro porque tus palabras son un peligro y se han convertido en tu peor arma letal.
Sin embargo, Mallory supo lo que es sentirse amada y apreciada desde niña por una única persona: su mejor amigo Rider, un niño de su misma edad que se enfrentó a todos las pesadillas para mantenerla a salvo en aquella terrorífica casa de acogida en la que ambos vivieron por tantos años. 


Rider siempre ha sido el protector, el caballero de armadura resplandeciente y el único capaz de iluminar la oscuridad de la vida de su Ratón, de la pequeña Mallory, porque por ella enfrentaría todo tipo de adversidades, para siempre. 

Pero el para siempre y las promesas muchas veces no son suficientes... 

Cuatro años después, las vidas de Mallory y Rider han cambiado totalmente, o eso es lo que parece.
Ella quiere seguir adelante, darle vida a sus palabras y para eso se enfrentará a un gran obstáculo, asistir al instituto. Allí se encontrará con un mundo desconocido pero ya no tiene a nadie que le cuide las espaldas, ahora le toca enfrentarse a ese nuevo desafío por sí sola; ella ya no es la pequeña Mallory que se escondía dentro del armario. 


Sin embargo, las heridas sangrarán y dolerán de nuevo cuando en el instituto vuelva a encontrarse con su amigo de la infancia, y el Rider de ahora ya no es el mismo de antes… 

¿Qué ha sido de la vida de Rider después de tanto tiempo? ¿Cómo sobrevivió a aquel infierno? Ahora Mallory deberá salir del silencio, ya no será una esclava de las palabras. 


Las palabras no eran el enemigo ni el monstruo de debajo de la cama, pero ejercían un enorme poder sobre mí. Eran como el espectro de un ser querido que me atormentara constantemente. 

Son este tipo de historias de la autora que me dejan tanto para reflexionar, apreciar y para guardar, son esas palabras que escribe y que me hacen estremecer, llorar y reflexionar. 

Para mí “Nunca digas siempre” es una de las novelas más reales y sensibles de JLA hasta el momento, la historia toca temas muy delicados y tan reales que a veces asusta. 



La trama es simplemente preciosa y sencilla, adornada con estos temas tan conmovedores como son la adopción y las casas de acogida, cómo los niños y adolescentes huérfanos tienen que sufrir para ser aceptados en la sociedad, para que siquiera sean amados como lo merecen ser.
Y esto no lo vemos en Estados Unidos, lo vemos en todos los países del mundo, en la ciudad que vivimos; el libro es en cierta parte una crítica al sistema de adopción, que sinceramente es una mierda, y acá me detengo para no poner a todos en la misma bolsa, porque seguramente hay personas de Servicios sociales que se rompen el alma para ayudar a niños y adolescentes sin un hogar, y es esta gente la que se lleva todo mi respeto. 


Así es como la historia de Mallory y Rider comienza, con dos niños pequeños que deben soportar las atrocidades dentro de las cuatro paredes de su casa de acogida, y como eso los marca para toda la vida, pero lo más valioso que nos trasmite la autora con esto, es que el pasado no te condiciona, no dicta quién eres, vos sos quién sos en el presente y sí, el pasado siempre formará parte de vos, y nunca vas a poder borrarlo, pero es ese pasado el que te lleva a ser una persona perfectamente imperfecta. 


Ese futuro, ese “para siempre”, no era real. Y supuse que para mí, al menos, era una suerte que no lo fuera. En cambio para otros… Ojalá para ellos sí lo fuera, ojalá pudieran contar con ese “para siempre” 

Decir que estoy enamorada de Rider y su Ratón es decir poco, los quise con locura, lloré con y por ellos por sus vidas, por sus presentes estancados y por sus miedos que los bloqueaban de vivir la vida como se las merecían. Sin duda Rider fue quien despertó mi sentimiento de amor porque en serio, ese chico era una cosa de otro planeta, honesto, valiente, compañero, y un sobreviviente, un gran sobreviviente junto a Mallory. 

La relación entre ambos evoluciona con el paso de las páginas, lo que comienza siendo una hermosa amistad con el correr del tiempo ambos van desarrollando sentimientos más profundos. Si bien hay varias escenas que son muy empalagosas y clichés, me parecieron muy tiernas y adorables. 


—Sé que te mereces algo mejor, pero yo quiero ser mejor. Quiero serlo por ti. 

En cuanto a los personajes secundarios, hay mucho para decir ya que también juegan un rol importante en la historia. Sobre los amigos de Rider y Mallory hay un tema muy especial que también trata Jennifer L. Armentrout que es la comunidad latina, el tráfico de drogas y las malas juntas, y como condiciona a los adolescentes hoy en día delineándose así una estrecha línea de marginación. 

Hay un pequeño detallecito que la autora le agrega a la novela, y eso le da una esencia muy especial y conmovedora. Se trata de una afección que padece ella misma y que ha querido volcarlo en esta historia de la mejor manera posible, y con mucha sutileza. 

En fin, tengo tantas cosas para decir sobre la historia que no creo poder detenerme. Me gustaría que pudieran leerla y descubrir todo lo que les conté, que puedan conocer a una chica que vivió toda su vida en silencio y cómo un día ese silencio se volvió insoportable para ella, y que también conozcan la vida de un chico que parecía indomable e indestructible, hasta que un día se cansó de llevar un gran peso sobre sus hombros.

En definitiva, "Nunca digas siempre"  me dislumbró por completo y la atesoraré por mucho tiempo. Es una historia muy valiosa, con muchos aprendizajes sobre la vida, valores muy importantes como la amistad, el amor paternal y tantas otras cosas. Cada vez estoy más maravillada con el poder que tienen las palabras de Jennifer L. Armentrout.




1 comentario:

  1. Me encantaría leerlo más que nada por la autora, creo que es un libro que podría calarme hondo. Un besote :)

    ResponderEliminar

♡ Tus comentarios me ponen muy contenta